Hoy me levanté a las 7 am, como todos los días (¿?), y me aposté a entrar en el mundo de los "desayunadores". Unos panes negros y
raros, un poco de manteca y un té con un
raro sabor dulzón. No estuvo mal.
Luego comencé con mi primer misión del día: arrancar en bici para el centro y comenzar los trámites de residencia y registro en el municipio.
Ya veo que la burocracia existe en todos lados, tal vez no tan
grotesca como la nuestra, pero existe. Para ser aceptado en este país preciso que me hagan una radiografía de tórax (¿?), me la voy a hacer el lunes, el único día en que se puede hacer.
Volviendo a mi misión, salí en "mi" super bici (altísima, y con freno a contrapedal) rumbo al centro siguiendo a Wilke. Wilke es secretario del Departamento de Informática de la Universidad, y es quién me está brindando un alojamiento temporal (un mes) en un cuarto de su casa. Ayer me enteré que tengo que pagarle 500 euros, pero no está tan mal ya que me da una especie de media pensión, me presta una bici y parece que puedo usar su conexión a Internet (pero sin hacer mucho ruido). Además se a adjudicado la tarea de
enseñarme a vivir acá, dándome cada día una nueva lección ¿serán estructurados los holandeses? La lección de hoy era ir hasta el centro, por eso lo seguía.
Cuando llegamos a la oficina de inmigración (Arthur van Schendekstraat 500) Wilke se las tomó para la Universidad, y me dejó librado a mis actos, cual pájaro enseñando a sus pichones a volar.

Luego de sacarme una foto de pasaporte en una camioneta que está estacionada en la puerta, y una extraña conversación con el milico de recepción (que pensaba que yo hablaba en ruso!!), logramos ponernos de acuerdo y empecé con el tramiterío, de un escritorio a otro. Mañana tengo que volver...
Luego vino lo mejor ... un paseo sin rumbo en bicicleta por las callecitas del centro. Realmente una belleza de ciudad, no me queda otra que pecar de poco imaginativo y referenciar a la publicidad de mastercard: "cuatro fotos tipo pasaporte 10 euros, aplicar para la residencia en holanda 188 euros, un paseo en bici por las bici-rutas de Utrecht, no tiene precio".
Un rato más tarde encontré alguna referencia de calle conocida y me mandé a desandar el camino recorrido previamente con mi
tutor.
Camino a la Universidad me agarró un chaparrón increíble. Me empapé de lo lindo, pero por lo que veo es muy común eso aquí, porque todo el mundo seguía su camino como si nada pasara, no se escuchaba ni una sola puteada, ¿o será que no sé como se putea en
dutch? ¡Tengo tantas cosas por aprender!
Y bue! Ahora estoy, mate en mano, escribiendo estas últimas líneas, mirando por la ventana de mi oficina como ya no llueve más...